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El Cónclave 
La Elección del Papa Pío XIII
Octubre 24 de 1998


Antecedentes

La planificación y la logística de la elección se hicieron a través de los últimos 3 años, y en 1998 la Iglesia Católica estaba lista y ansiosa por la elección. El Cónclave que elegiría al Papa, se condujo con los votos provenientes de los electores de la Iglesia Católica Remanente de todo el mundo. Como no había Cardenales vivos al comienzo del Cónclave, la Ley Natural permite a los Católicos, clérigos y laicos, ser el electorado que votará por el Papa. Esto es en base a que la Iglesia, como sociedad perfecta, debe tener los medios para restaurar su cabeza visible, el Papa.

El Comité del Cónclave, un grupo de 3 hombres laicos, con la aprobación del electorado, organizó la logística para el Cónclave. Uno de los principales prerequisitos para la conducción de una elección válida, era verificar que el electorado era en realidad Católico. (Nótese que la razón por la que fallaron previos intentos, fue precisamente porque los electores eran de alguna manera no Católicos.) Consecuentemente, cada elector firmó 2 documentos atestiguando su permanente Catolicismo. Estos documentos incluyeron tales cosas como el bautismo, la edad, las creencias con respecto al Vaticano II, confirmando la no asociación con cualquier individuo(s) del Vaticano II (Novus Ordo), y otras tales cosas que probara o refutara el Catolicismo del elector.

El Cónclave

En la tarde antes del comienzo del Cónclave, el Comité tomó un juramento de discresión frente al Sagrado Sacramento, prometiendo a Dios Todopoderoso que nunca revelarían cualquiera de los procedimientos o votos que tuvieran lugar dentro del Cónclave.

El Comité, con todos los planes ya en lugar, se reunió en un lugar central para administrar la votación. Así, comenzó en Octubre 23 de 1998 a la 1:00 PM, Tiempo de las Montañas de los E.U. Cada papeleta, de acuerdo a los planes, sería de una duración de 24 horas. 

Ya que el electorado, siendo un cuerpo universal, no tenía los medios o recursos financieros para juntarse en un lugar central para el Cónclave, depositó su voto utilizando el regalo divino del teléfono. La seguridad de la votación fue asegurada mediante el uso de códigos secretos y únicos que se asignaron a cada elector para autentificar cada voto. El Comité revisó tres veces cada voto que llegaba, así como también se revisaban el uno al otro para asegurar la exactitud e integridad del procedimiento.

Humo Blanco

Cuando hubieron transcurrido las 24 horas de la Papeleta 1, se hizo un registro de los votos. El registro fue revisado otras tres veces por el comité para que fuera exacto. Una votación de 2/3 (más 1) se necesitaban para elegir. El Decano del Comité, de acuerdo con los procedimientos previamente planificados, contactó al electo para preguntar si aceptaba el papado. Cuando el P. Pulvermacher aceptó, en ese mismo momento, fue restaurado el papado. El Decano también preguntó por qué nombre deseaba ser llamado. El P. Pulvermacher indicó el nombre de Pío XIII, y que su decisión proclamaría al mundo que el último Papa verdadero fue su predecesor, Pío XII.

El humo blanco que salía de las papeletas que se quemaban, era la forma tradicional en el Vaticano para informar al mundo que un papa había sido electo. La emoción y anticipación de ver emerger al nuevo papa, es siempre de gran gozo para los Católicos. Como fue dirigida esta elección, de alguna forma diferente del método tradicional, el Colegio de Electores fue notificado via teléfono que "Habemus Papam!" o "Tenemos Papa!" De esto siguió el anuncio al mundo via cualquier y por cada medio disponsible, incluyendo Periódicos, Estaciones de Radio y T.V., el Internet y el Radio de Onda Corta.

Para seguir con el espíritu de pasados cónclaves, sin embargo, las papeletas fueron quemadas en una estufa de madera y el humo blanco ascendió por las montañas de Montana. La imagen de la derecha es el verdadero humo blanco del Cónclave de 1998. En vez de cientos de miles de fieles esperanzados en la plaza del Vaticano, el humo blanco fue visto sólo por un puñado de fieles, también como por las criaturas de Dios, que habitaban el bosque.
 
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