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Praeambula Fidei
Los pasos Antes de la Fe
 
por Su Santidad el Papa Pío XIII
15 de febrero de 1999
 

Cuando uno empieza el estudio de teología dogmática es introducido a los pasos en el camino a la fe. Por ejemplo, en el libro de prueba de teología: Los Fundamentos De Dogma Catolica por el Dr. Ludwig Ott (de TAN Books & Publishers), encontramos que  la primera definición (página 13) es la siguiente: 

Dios, nuestro Creador y Señor, puede ser conocido con certeza, por la luz natural de la razón de las cosas creadas. (Del fide) - (créalo o condénese)
Eso significa que la razón humana lleva a uno a conocer a Dios como extramundano (fuera de este mundo), y eso excluye al panteísmo donde se cree equivocadamente, que el propio mundo es Dios. 

La evolución destruye la misma posibilidad de fe y salvación eterna, pues niega la misma existencia del Dios extramundano. Si por casualidad un evolucionista dice que él cree en Dios, habla mentira, porque la fe divina presume los pasos de la razón humana en trabajo. Por lo tanto, la única manera en que el comunismo ateísta pueda entrar en existencia y en función es trabajar en el vacío de un intelecto vago. 

Hay dos conocimientos distintos de Dios. Uno es natural, como se explicó anteriormente, y el otro es sobrenatural. Uno nunca puede tener el conocimiento sobrenatural de Dios sin haber tenido primero el conocimiento natural de Dios. Así pues, esos métodos de conocimiento se unen en una función, es decir, la fe divina. La suma de la virtud infusa de fe al conocimiento natural de Dios nos da una persona que tiene fe divina. No se puede ir desde cero (sin preambula fidei) todo el camino hasta la fe divina. 

Aquí distinguimos una noción falsa de fe, mucha en existencia en la religión falsa del Novus Ordo. Ellos Ccrecen en éxtasis sobre la euforia que llaman “experiencia de fe.”  Desarrollan un frenesí, por así decir, de algún himno (no importa qué tan estúpido pueda ser) que producen en su “comunidad cristiana.” Se vuelven eufóricos ante el chiste de un predicador y proceden a gritar y aplaudir. Todo eso es parte y conjunto de la “experiencia de fe.” No tienen que creer nada; sólo sentirse bien en su experiencia religiosa. 

El conocimiento natural (fe natural si podemos llamarlo así) existe en cada ser humano naturalmente en función. Cuando esa persona acepta la oferta de Dios de la virtud de fe divina entonces pasa a una nueva área del conocimiento, es decir, el conocimiento de realidad sobrenatural. Puede dar su asentimiento a verdades que están completamente por encima de todo conocimiento natural posible. 

La fe divina, obviamente, no funciona en un vacío. Debe descansar en cosas que son naturalmente conocidas. De una manera natural (por sus oídos) Adán oyó la promesa de Dios de un Redentor. Dios habló a través de los profetas por miles de años. Finalmente, el Redentor prometido vino, cumpliendo en Sus palabras y acciones todos lo que se predijo de Él. 

El conocimiento natural del Redentor es una cuestión de historia, ambos en los archivos naturales de la historia y, por encima de todos, en la palabra revelada de Dios, escritura y tradición. Las personas pueden aprender esas verdades por los poderes naturales de su intelecto humano, y aún así no podrán admitir que Cristo es Dios, la Segunda Persona de la Santa Trinidad. Pueden aprender los hechos de la Última Cena (seguida por la primera Misa), y aún así no pueden creer en la Eucaristía. Dos personas pueden aprender el catecismo lado a lado y, cuando terminen, uno dirá, “yo creo que la Eucaristía ES Jesús.” El otro dirá, “yo jamás podré creer ese cuento hadas.” El primero aceptó la virtud infusa de fe divina, mientras el segundo la rechazó. Desde ese momento en adelante esas dos personas viven en dos mundos diferentes. Aquél sin la fe divina vive meramente con las verdades naturales. Sin embargo, aquél con la fe divina piensa y vive la vida católica en su totalidad. Se bautiza; cree todas las verdades (del cielo al infierno y todo por enmedio) que Dios revela a los hombres a través de Su Iglesia. Finalmente, se somete al Pontífice Romano, de esta manera colocándose así mismo en una sociedad que está en las etapas tempranas del mismo cielo, esto es, de una manera oscura. 

Nosotros haremos una declaración que debería de ser obvia debido a su simplicidad. Una persona sin fe divina puede subir la escalera de la vida aceptando la virtud de fe divina. Igualmente, una persona con la virtud de fe divina puede perderla y resbalar en el orden meramente natural. ¿Los que citan sólo a la Biblia dirán “Dónde está eso en la Biblia?”

En la parábola de la gran cena se trajeron invitados de las carreteras y caminos apartados. Había uno allí que vino sin vestido de bodas. Esa gran cena era sólo para aquéllos que tenían las virtudes teológicas de fe, esperanza y caridad (gracia santificadora). El hombre sin vestido de bodas era el que no tenía gracia santificadora. Antes de seguir, es necesario explicar un misterio de salvación. Al momento de morir aquellos que van al banquete del cielo deben tener fe divina, esperanza divina y caridad divina. Una vez que están en el cielo, la fe se disuelve viendo Dios cara a cara, y la esperanza se disuelve poseyendo a Dios para siempre. La caridad sóla permanece.
 
El hombre sin fe, esperanza y caridad totalmente iluminadas, es el hombre sin el vestido de bodas. No puede quedarse a la fiesta, sino que es sujetado de las manos y pies, y lanzado fuera donde está “el llorar y crujir de dientes.” Cada persona que no está en el orden sobrenatural en este mundo ya está fuera del banquete dónde habrá para ellos, después de la muerte, “el llorar y crujir de dientes.” Al mismo tiempo esos Católicos que descargaron su virtud de caridad divina, incluso por un pecado mortal, serán forzados fuera del banquete del cielo al infierno, con la multitud condenada de incrédulos. Es revelado que “sin fe es imposible agradar a Dios.”

Aquéllos que tienen fe divina pueden perderla, y eso puede pasar de varias maneras. Cuando se comete un pecado mortal se pierde la caridad divina, pero la esperanza y la fe todavía pueden permanecer en una condición debilitada (un poco dañada). Si uno permanece en pecado mortal por cualquier longitud de tiempo, generalmente pierde su esperanza y después la fe. En esa condición depravada encuentran casi imposible volver a Dios. Uno generalmente deja caer su fe divina pecando contra la fe, es decir, por incredulidad. Por ejemplo podría ser un Católico que en su orgullo dice, “(yo) simplemente no puedo creer que Dios todo-bueno mantendrá al infierno corriendo sin fin!” Entonces él es un hereje, en pecado mortal, y sin la fe divina, sin la esperanza divina y sin la caridad divina. 

La pérdida de fe puede venir gradualmente. Hay personas en la religión del Novus Ordo Protestante que hace cincuenta años adoraron a Nuestro Señor en la Eucaristía en Nuestras Misas. Ellos supieron que Nosotros fuimos ordenados, y todavía lo saben, pero ya no pueden creer que la Eucaristía ES Nuestro Señor bajo las apariencias de Pan y Vino. Eso se observó en la Misa de júbilo del quincuagésimo aniversario de Nuestra ordenación al santo sacerdocio. Nuestras ceremonias de ordenación al santo sacerdocio  hicieron la preambula fidei (pasos) para saber que Nuestra consagración efectuó la transubstanciación. La Iglesia asegura a los creyentes que esas preambula fidei están en cada sacerdote y obispo que aprueban la función como sacerdote y obispo en el mundo entero. Cuando las Santas Ordenes se dan y se usan fuera de la Iglesia, como por ejemplo las ordenaciones de Thuc y de Lefebvre, aquéllos que usan a esos sacerdotes y obispos continuamente disputan sobre la validez y legalidad de esas Ordenes. Sólo el Papa puede calmar esos miedos por un estudio y una decisión responsable, hecha con devoción con la ayuda de la virtud infusa de prudencia y el regalo de consejo del Espíritu Santo. 

Hay otras preambula fidei que deben ser dirigidas en este momento. Estas son las preambula fidei que son los pasos de la elección papal que Nos hizo Papa. En primer lugar, no hay ningún Cardenal en la tierra que tiene su creación del Papa Pío XII, el último Papa verdadero antes de Nuestra elección. Por lo tanto, esos pasos fueron eliminados. Entonces entró en juego la ley natural. Los Católicos tenían la obligación de proceder con la elección del Papa, y el orden correcto tenía que ser observado. No es el propósito de este corto tratado demostrar que el proceso usado en la elección papal era infalible. Simplemente lo que queremos apuntar es que en la búsqueda de Católicos la diligencia apropiada fue observada, es decir, casi tres años de exposición en el internet. Entonces se preguntaron a los Católicos, que el comité del cónclave reconoció como Católicos, si ellos votarían por el Papa. Por una razón u otra algunos se negaron a cooperar, y eso es natural. Entonces a aquéllos que cooperaron se les proveyó de un código confidencial para votar. Los votos se tomaron por medio de tres hombres del cónclave. Los resultados se Nos dieron oficialmente, y Nosotros aceptamos. Un papel firmado a ese resultado es ahora un documento histórico firmado. Esos hechos son los preambula fidei  para Nuestra posición como Papa. Aquéllos con la fe aceptan aquéllos “pasos” para formar su aceptación de Nosotros como Papa. Aquéllos sin fe jamás podrán aceptarnos como Papa, pues no pueden subir por encima de los “pasos” naturales a la realidad sobrenatural. 

Lo que parece ser el problema, con algunos de aquéllos que deberían estar con Nosotros, se revela en el Apocalipsis 13. 7. “Y se le dio a él (el diablo) para hacer la guerra con los santos (los Católicos) y vencerlos.” Su destino está en el próximo verso, verso ocho. “Y todos los que moraron en la tierra la adoraron (la bestia, impulsada por Satanás) cuyos nombres no están escritos en el libro del Cordero que fue inmolado desde el principio del mundo.” Es falso para uno presumir que su nombre esté escrito en el libro de vida si no está propiamente “sujeto al Pontífice Romano” cuando éste existe. Sólo dónde existen la ignorancia invencible más la caridad verdadera, sólo Dios sabe. 

Aquéllos que no en están en la Iglesia tienen otro problema, Apocalipsis 12, 6: “Y la mujer (la Iglesia) huyó al desierto dónde tenía un lugar preparado por Dios, que allí ellos deberían alimentarla, mil doscientos sesenta días.” Aquéllos sin su nombre en el libro de la vida (en la Iglesia y en la gracia santificadora) no tienen ninguna promesa para estar con la mujer (la Iglesia) en el desierto. Cerramos con Apoc. 13, 9 “si alguno tiene oído, que oiga.”

     Dado el 15 de febrero de 1999
    
      Pio, pp. XIII 
 
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